El arte de la docencia

“Anda, pasa al pizarrón y explícame el problema” Es lo más común que les digo a mis alumnos seguido de las palabras motivacionales: “perfecto”, “muy bien”, “exactamente”, “tienes toda la razón”. Los alumnos son capaces de desarrollar cualquier tema de clase, son capaces de plantear y resolver problemas por su cuenta, sin embargo hay algo que los detiene, el miedo. Lo más frecuente que escucho en clase no es “tengo una duda” o “¿Por qué salió eso?”, no, lo más común es “¿estoy bien?” y en un principio no alcanzas a entender la magnitud y significado de esas palabras.
En el momento que te pones frente a un grupo y empiezas a explicar un tema no entiendes la responsabilidad que tienes, todos esas miradas está atentas a lo que escribes, todos esos oídos escuchan con atención lo que dices y sus manos anotan sin descanso lo que está en el pizarrón. Confían plenamente en ti y peor aún, no cuestionan la forma en que se les enseña. Siguen fórmulas, tratan de repetir los ejercicios hechos en clase y cuando se enfrentan con algo desconocido necesitan la aprobación de la persona que está al frente.
¿Qué quiere decir esto? Los alumnos, al menos la mayoría no tiene capacidad crítica y se dejan llevar por lo que se les dice, no entienden lo que se les enseña. ¿Cuál es la solución? darles confianza y motivarlos buscar metas más grandes, hacerlos sentir importantes y capaces de resolver cualquier problema, alentarlos cuando tienen aciertos y apoyarlos cuando cometen errores.
La confianza que da un profesor a sus alumnos es fundamental en el proceso de aprendizaje, una persona que sólo describe un tema, resuelve un par de problemas y los deja a la deriva o les da todas las respuestas no los hace crecer. El profesor debe ser claro con el tema, debe dar múltiples ejemplos acorde a las capacidades que presenten los alumnos y sobre todo debe poner en tela de juicio lo que enseña para que los mismos alumnos generen dudas y creen una retroalimentación den la clase, se convenzan de lo que hacen y defiendan lo que saben, siempre abiertos a conocer más del tema.
La empatia que genera un profesor con sus alumnos es fundamental para facilitar la comunicación y fomenta que estos tengan la confianza de preguntar y ver temas que van un poco más allá de un simple temario. Un profesor que conoce a sus alumnos sabe cuando tienen problemas, cuando algo los inquieta y sabe que eso puede afectar su rendimiento.
Entonces, la clave del desarrollo académico, es la conciencia crítica, la empatia, la comunicación y la creatividad para enseñar un tema desde distintas perspectivas que no limiten al alumno a seguir un sólo camino.

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